08 SEP 2017. Cadena SER, La Firma: Septiembre

Audio, Cadena SER La Firma “Septiembre”: http://bit.ly/2xuarFg

Septiembre es el mes de los marbelleros, lo aseguran ellos con la firmeza telúrica forjada desde allende los tiempos y lo confirmamos nosotros, los marbellíes, por vivirlo en carne propia.

Se rebaja la tensión del verano, tensión alimentada por los calores excesivos del mediodía, acumulada por ocupar un mejor o peor espacio en la playa, avivada por localizar un aparcamiento en el centro en menos de media hora, sustentada por no tener que luchar a brazo partido con las mareas de turistas en el paseo marítimo o por pedir un espeto de sardinas en Los Cañizos o en el Cordobés sin batallas. Se rebajan esas tensiones del día a día. Se alivian.

Y, entonces, en septiembre, los marbelleros, los marbellíes, salimos a disfrutar de los coletazos últimos del verano tórrido, de las primeras rociás del otoño próximo, del aliviador relente nocturno. Y de los atardeceres largos, largos, largos que parecen pintados por Monet. Y de los espacios públicos, recuperados para la vida cotidiana. Y nos permitimos una cena o dos, con el lujo verdadero de no tener que esperar demasiado, el tiempo justo de una cerveza. Y el agua del mar, más cálida que en julio, libre en su mayoría de medusas arrastradas por las corrientes del Estrecho.

Y se inicia un tiempo nuevo, el tiempo de los barrios, después de que las urbanizaciones se vayan vaciando poco a poco de visitantes. El tiempo de los colegios, el tiempo de la vida cotidiana, que parece haber quedado en suspenso durante el periodo estival.

Un impás de dos o tres meses en los que la ciudad de Marbella ajusta sus ritmos a otras querencias a otros deseos importados. Al exceso en todo. Y que ahora, en septiembre, recupera otras emociones más reconocibles, más mundanas, pero quizá más auténticas, más pegadas a la realidad.

Y así queda el verano como el recuerdo de un amor que se va con la promesa de volver, un amor volcánico y excesivo que ha puesto nuestra vida patas arriba, que ha alterado nuestros horarios, nuestras costumbres, que nos ha hecho palpitar a un ritmo frenético, al que hemos amado y odiado a partes iguales, pero sin el que no podríamos vivir. Un amor de verano que nos ha hecho anhelar el abrigo protector de lo cotidiano.

Septiembre es un mes de duelo, de transición, de parada e impulso, de los quehaceres, de la playa, de la playa solo para nosotros y para Marbella.

Septiembre es el mes de los marbelleros y yo desde hace más de una década me sumo a ellos

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