06 OCT 2017. Cadena SER, La Firma: Nunca

VÍDEO: “Nunca estamos solos” de Viva Suecia

Nunca me han gustado los bomberos pirómanos, ni tampoco los salvapatrias. Tampoco nunca me he sentido identificado con aquellos que promulgan la verdad por delante, ni con los que exhiben sus filias y sus fobias como verdades únicas. Tampoco nunca me he fiado de aquellos que están completamente seguros de algo, de los indubitables, de los que nunca tienen dudas.

Nunca me he reconocido con la radicalidad en ninguno de sus términos. Nunca. Y tampoco con los que creen en los blancos y los negros como forma de posicionarse ante la vida. Nunca he visto con buenos ojos los de conmigo o contra mí, ni aquellos que son amigos de sus amigos como un axioma. Nunca creí en los… hasta la muerte o hasta el fin. Nunca me han gustado los jamás, los siempre, tampoco nunca me han gustado los nunca. Nunca.

Nunca he tenido fe en los dioses inmutables, poseedores de la verdad, el conocimiento y la sabiduría, así con mayúsculas. Nunca he entendido los máximos, ni los mínimos, ni la precisión y exactitud de los números. Nunca, por tanto, las explicaciones a los todos, ni, por supuesto, la nada. Nunca he creído en infierno ni tampoco en el cielo, soy más bien de purgatorios. Nunca he entendido bien el mío, lo mío. Nunca aspiré a la exclusividad, a lo único, a lo inimitable.

Nunca han formado parte de mi diccionario en la vida los absolutos, totales, completos, definitivos, invariables…

Nunca me han gustado las soflamas, ni lo mítines, ni los convencidos… Nunca me he fiado de las orillas, esta y aquella, la tuya y la mía. Los tuyos, los míos. Nunca.

Nunca he sido partidario de los extremos, que nos excluyen.

Así que, ahora, en estos días de tumultos y algaradas, de incendios en las redes sociales, de imágenes violentas, de banderas y de patrias, de naciones, de obligados posicionamientos, de opiniones forzadas, de calificativos excesivos, camino un tanto inquieto.

Parece que se ha excluido de la actualidad el nosotros, los puentes, la palabra, la negociación, el diálogo, lo que nos une. Y en este barro de exaltaciones resulta complicado alzar la voz, escuchar el susurro de la cordura, el murmullo de la razón…  apagada, silenciada por el clamor, el griterío, el rugido, por los bramidos… La razón ahogada por los siempre, por los jamás, por los nunca. Nunca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>