23 JUN 2017. Cadena SER, La Firma: La torre de El Cable

AUDIO: Cadena SER, La Firma: La torre de El Cable

VÍDEO: “Resistiré” del Dúo Dinámico

Negar la torre de El Cable sería negar la historia, como el 1984 de Orwell, en el que se reescribía el pasado para adecuarlo convenientemente al presente.

Cuando aterricé en Marbella por primera vez, año 1999, lo hice cargado de prejuicios, de una imagen exterior que más tenía que ver con un monarca municipal subido a lomos de un caballo imperial, con un aristócrata de apellidos compuestos rematados por un nombre de comunidad autónoma, con la descendiente oxigenada de un canciller, con la jet set y con el champán de marca. Como digo, preñado de prejuicios.

Nada sabía de Marbella porque nada hasta el momento me había interesado saber. Pero hete aquí, que mis huesos acabaron apostados una mañana en la playa de El Cable.  Las olas lamían suavemente la torre de mineral, una estructura oxidada, plantada en mitad del mar, relativamente cerca de la orilla y cuya finalidad e historia se me escapaba a todas luces.

Pregunté por ella, por la torre de El Cable, en aquel entonces no se existía google a quien consultar y desde ahí fui tejiendo su historia que se unió, en parte a la mía, a través de  un pasado común cimentado en el hierro, en el mineral, en la industria.

Desde el balcón de mi casa de Barakaldo, en los años ochenta podía ver cómo palpitaba el cielo de color rojo gracias a las fraguas de Altos Hornos de Vizcaya. Toda la industria del metal giraba en torno a nosotros de una manera u otra, lo veíamos, escuchábamos los silbidos de las fábricas en los cambios de turno, los trabajadores y trabajadoras que entraban y salían como filas de hormigas de las grandes fábricas, un familiar u otro que trabaja en Sestao, las oquedades de las minas en Ugarte, Triano y en el valle de Trápaga. Digamos que el hierro es consustancial a todos aquellos que nacimos en la Margen Izquierda de la Ría del Nervión antes de los años noventa.

Pues en la Marbella del oropel que en aquella década se vendía al exterior me encontré con un fragmento de pasado común, la torre de El Cable, que me hablaba de un pasado minero, un pasado metalúrgico, un pasado industrial a todas luces inconcebible para cualquiera que no fuéramos marbelleros.

Y en ese momento también me llegaron los ecos de aquellos que querían dejar morir esa parte de historia, que parecían querer enterrarla, olvidarla, ocultarla. La Torre de El Cable no encajaba con esa Marbella posterior a la jet set, ni con el gilismo, ni con el neogilismo… La administración local casi parecía esperar la última ola, el último temporal de levante que se la llevara como había sucedido con sus otras hermanas pequeñas.

Pero no. La torre de El Cable resistió. La Torre de El Cable resiste.

Costas comenzará su arreglo el próximo 3 de julio, primer paso para que el ministerio ceda su uso, su propiedad y su explotación al ayuntamiento.

La Torre de El Cable resistirá y con ella, una parte trascendental de la historia de Marbella y también de la mía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>