09 JUN 2017. Cadena SER, La Firma: Enferiados

AUDIO: Cadena SER, La Firma: Enferiados

Unas estampas de feria que uno la ve con aquellos ojos preñados aún y siempre de la Aste Nagusia, semana grande de Bilbao.

Las evoluciones de esa gitana minúscula sobre ese tablao minúsculo. Mirada atónita. Es una niña morena, de apenas 9 o diez años, su vestido,  rojo de lunares negros, peineta roja, pendientes y collar negros. Y un fuego imposible en cada quiebro del talle.

Esos políticos y políticas, que confraternizan, bisbisean, toman una caña fría, en una confianza imposible a todas luces cada último viernes de mes cuando se celebra el pleno municipal. Chanzas de confluencias de cofradías de colores… Y entre chanza y chanza un faconazo, bueno, no tanto, un punteo, una pulla de la buena. Todo sonrisas y cordialidad.

Los medios de comunicación, compañeros y compañeras de la prensa, que abandonan la oscuridad de sus estudios y se lanzan al sol de la avenida del mar por unos días, para contar a los que no pueden o no quieren qué acontece en el recinto ferial. Toda la programación más liviana, más volátil, más grácil y con fondo musical de bullanguerío, casi parece que se la vaya a llevar el viento.

Y los visitantes extranjeros que miran con ojos abismados el color intenso de los farolillos blancos y morados que penden de las lonas, al cortador de jamón que hilvana hebra con hebra hasta dejar el hueso al descubierto en un prodigio de finura, o los artefactos importados de Sevilla que despiden agua fumigada en un intento vano de refrescar el ambiente.

Los cocineros y las cocineras, colorados, acalorados, haciendo prodigios en esa fragua mínima, friendo, hirviendo, cortando, emplatando, guisando para servirse todo en un plato de plástico de vida tan efímera como pompa de jabón.

Los mayores y las mayores, que revientan los zapatos de tanto bailar, agarrados y sueltos, pasodobles y sevillanas, flamenquito y canción ligera, repuestos de paellas y pescaito frito y cerveza sin alcohol.

Y más allá, arriba, en territorio de La Cañada, la juerga desenfrenada de los más pequeños, aturdidos entre tanto tiqui taqua de colores y tanto reclamo musical y tanto juego mecánico y tanto pato por pescar. Pequeños arrasados de cansancio que pueblan los hombros de padres y de madres, de titos y de abuelas cuando frisa la hora de coger el tren de vuelta a la realidad.

Y lo mío, que soy más espectador que protagonista, que es más acompañar que amor feriante, pero que disfruta entre amigos nuevos y reencontrados, entre abrazos de cuantotiempo y tómatealgo, entre fotografías y selfies y saludos a tirios y a troyanos, con la mente puesta siempre en otro lado, quizá en el silencio sobrio, en la compañía de un libro, en un café solo con hielo bien cargado.

Feliz feria, marbelleros, marbelleras, marbellíes todos y todas. Que San Bernabé os sea próspero en el amor, que entre tanta pompa y boato y tanto exceso y tan poco recatos, el amor, como siempre, es lo único que importa.

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