02 JUN 2017. Cadena SER, La Firma: De Feria

AUDIO: Cadena SER, La Firma: De Feria

VÍDEO: The Pogues, “Fiesta”

Era el año 1999 cuando me desvirgué con la feria de Marbella.

Y utilizo este verbo rotundo, desvirgar, porque la feria causó en mí una sensación de primera vez tan rotunda y extática como aquella otra primera vez.

Y ante todo fue el color, los trajes de gitana haciendo revolotear los volantes, los abanicos marcando un compás de calores, el cielo azul. Inmenso, que todo lo cubría como un palio de naturaleza viva. El color de la feria. Los lunares y las cintas, las flores en el pelo, los destellos de los flecos rielando al mediodía.

La elegancia de ellas, cuidado todo hasta el mínimo detalle. Los pendientes, los collares. No diré tanto de los trajes de ellos.

Me resultó todo en aquella primera feria de sabor tan exuberante. Aterrizado de Bilbao hacía tres meses, aún probando las esencias andaluzas, dejándome llevar por los perfumes de la primavera, el azul del mar, el acento regados de zetas. Todo tan alejado de mi Cantábrico más dado a lo rotundo.

Era una feria de día. Aún se celebraba en el Casco Antiguo de Marbella. Pese a no ser beato y tender mis simpatías hacia lares más ateos asistí con ojos de novato a la procesión de San Bernabé. La sublimación de todo esto que relataba, el color, las texturas, se producía exactamente allí en la procesión del inmortal, perpetuo  alcalde de Marbella, San Bernabé.

Nunca antes había estado en Andalucía, si exceptuamos un viaje de estudios con 18 años, en el que nos interesaba todo menos lo andaluz, las hormonas, la juventud, ya se sabe. Mi contacto con esta tierra era nulo, así que encontrarme en aquella feria del 99 con todas las esencias de lo que yo creía era Andalucía en aquella procesión marcó un antes y un después en mi visión de esta tierra.

En mi segunda vida aquí, camino de 11 años, no puedo resistirme a esos días grandes, ya sea en Ojén por San Dionisio en octubre o en junio en Marbella por San Bernabé. Aún me deslumbra el color que todo lo inunda, la belleza de la armonía, el olor del primer verano, de la última primavera.

Y más allá de la procesión, el bullanguerío de la feria de día, afortunadamente recuperada para el centro del casco urbano de Marbella, la algarabía.

No hablaré de la feria de noche, que no profeso, ni  de la música, con la que, pese a intentarlo no puedo, pero siempre disfrutaré de la feria  de día y de la procesión.

Con el paso de los años, he comprendido que las esencias andaluzas andan por otros lugares, que las tradiciones las marcan otras querencias, pero siempre estará en mi memoria aquella primera vez, aquella primera feria donde el color lo inundó todo.

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